Podría parecer que cuando uno se dispone a componer una pieza musical lo hace simplemente por el placer que le produce  a uno mismo e incluso para demostrarse, y demostrar, que su talento sigue intacto y la cosa marcha, que no hay que preocuparse. En ese hecho también hay implícito algo de absurda vanidad que solo mirándolo con distancia, con absoluta objetividad podríamos darnos fácilmente cuenta que no sirve para nada.

 Yo al contrario, debe ser por mi edad, concibo una obra de arte (suponiendo que estemos hablando de obras de arte, lo cual impone cierto respeto) como una conversación con lo mas profundo del ser humano. «Quiero decirte cosas que comprendas a la primera y que acaricien tu alma como nunca nada ni nadie lo haya hecho», más o menos viene a ser este tipo de ñoñería…no se expresarlo de otra manera. Aunque tampoco es eso exactamente. Mi esfuerzo se dirigiría más bien a producir en ti una serie de sensaciones que fueran difíciles de categorizar, una mezcla entre querer emocionarte y excitar tanto tus sentidos que todo ello produzca una catarsis absoluta, un estado de bienestar intenso y complejo de describir.

Me he quedado en blanco.

 

 

 

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