A cierta edad uno empieza irremediablemente a echar la mirada hacia atrás sin ningún objetivo concreto. Te das cuenta que ya vas teniendo un pasado considerable a través del cual tu presente se vuelve más consistente, se le encuentra más sentido o por lo menos uno cree eso. Hoy he recordado aquellos momentos de soledad, que fueron muchos y me apetecía escribirlo, contarlo, también sin ningún fin concreto.

Aquellas interminables y frías tardes de invierno no eran fáciles de soportar y más teniendo en cuenta que no dedicaba demasiado tiempo a mis estudios y así me fue.

Yo venia de mi tierra , del sur, donde tenia mi grupo de música. Un grupo que no había quién soportara pero con el que lo pasábamos realmente bien. Desde los doce años la música supuso para mi el aliciente que mi vida, mi adolescencia, necesitaba y fue ella lo que me salvó de muchas otras cosas pues mientras mis amigos perdían el tiempo experimentando con absurdas ocupaciones y peligrosas sustancias yo me encerraba en mi habitación con mis cassetes, mis discos y mi guitarra.

soledad1

Cuando me separé de todo aquellos para irme a estudiar a Zaragoza, más concretamente a un colegio universitario de dudosa reputación, sufrí un shock en todos los sentidos. Era la primera vez que salía de mi casa y me veía obligado a dejarlo todo pero sin duda lo que mas me dolía era dejar mis ingenuos proyectos musicales.

Por supuesto que llevé mi guitarra y mis cuatro cassetes y con los que esa soledad impuesta se me hizo más llevadera. Con ellos pasaba eternas horas encerrado en mi habitación de la residencia universitaria y fue en aquellas horas donde empecé a componer piezas cortas, sin letra, ejercicios de composición sencillos con los que aprendí armonías, acordes, improvisaciones que sin saberlo años más tarde me serian de gran utilidad.

Pascal-Terjan-CC

Poco a poco fui haciendo amistades en el colegio entre las que me veo obligado a destacar por su apoyo y por su infinita ternura la de Isabel Torres y María Jesús Antón. Ambas trabajaban en la secretaría del colegio y desde el principio hubo una excelente conexión.

Con ellas pasaba también muchas horas y hacia que mi estancia allí fuera menos dura, pues ahora que han pasado los años tengo que reconocer que para un adolescente estar interno en un colegio cuya primera impresión era la de siniestro, oscuro, frío y enorme no era una cosa fácil. Con el tiempo uno se acostumbraba a estar allí pero al principio costaba.

teclas-de-piano-de-musica-de-sonido-viejo-de-forma_121-91048

Fueron precisamente ellas las que me abrieron muchas de las estancias del colegio a las que no tenia acceso casi nadie y así fue como primero descubrí el salón de actos en cual había un piano de pared justo en la zona de detrás del escenario. Desde el primer momento fue un flechazo. Pedí permiso al director, Don Julián, para poder coger las llaves se ese pequeño teatro que nunca se utilizaba y poder subir a tocar el piano cuando yo quisiera. No es que yo supiera tocarlo pero poco a poco fui aprendiendo acordes, a manejar las dos manos independientemente y todo de una forma autodidacta, cosa que también fue decisiva años después.

Aquellas gélidas, largas y oscuras tardes de invierno cogía las llaves de la centralita y yo solo me encerraba en el salón de actos para aporrear aquel viejo piano. He de reconocer que más de una tarde casi tuve que salir corriendo pues los ruidos entre las butacas de madera eran constantes y me daba la sensación de no estar solo. Sentía tanto miedo que literalmente apagaba todo y salía pitando. Ahora que ha pasado el tiempo recuerdo aquellos momento con especial cariño y reconozco sirvieron de una manera u otra para hacerme como persona y seguramente también como músico.

Otro descubrimiento que me sorprendió muy gratamente y que me acompañaría en muchas de esas tediosas tardes fue un armonio electrónico (Farfisa Foyer) que ya me gustaría tener ahora. Se encontraba en la sacristía de la capilla y supongo que serviría para usarlo en las misas. Era un artilugio que más de un coleccionista quisiera para sí ahora pues era algo extraño. Una cosa sencilla, con un pedal de aire, una palanca al lado de la rodilla para el vibrato y algunos interruptores que yo no sabia para lo que eran pero que manipulaba sin cesar para cambiar las características del sonido. Ahí, justo en esos momentos nació mi pasión por los teclados electrónicos que aun conservo.

Farfisa_Foyer_spinet_organ copia

Con estos entretenimientos y algunos otros pasaron los pocos años que estuve en aquel colegio el cual de vez en cuando aún aparece en mis sueños y que de una manera u otra marcó una etapa importante de mi vida.

 

2 comentarios en “Sin ningún fin concreto

  1. Me encanta tu nueva web, pero lo que más me gusta es que ha pasado a ser algo más íntimo y cercano. No dejes de compartir aquí trocitos tuyos; hay gente que te quiere y mucho.
    ¡Un abrazo!

  2. He descubierto hace poco tu trabajo como músico y me he interesado pronto por conocer mas de ti. Tu musica me apetece escucharla muy a menudo y, poder conocer las raices de su éxito es interesante. Un saludo! Enhorabuena y Gracias!!

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *